Casi todo lo que duele en salud y en retail pasa donde nadie está midiendo: la góndola, el empaque, la sala de espera, el volante que se entregó en una feria. Un QR es la costura más barata entre ese mundo y el tuyo.
Los colores no se eligen de una paleta: se deducen de tu marca. Si subís el logo, salen del logo. Si no, salen de tu dominio — distintos para cada marca y siempre los mismos para la tuya, así el código de la góndola y el del empaque combinan sin que nadie tenga que acordarse de nada.
Con cuenta abierta tenés los códigos armados por industria, rol y especialidad — la hoja de vida pegada al equipo biomédico, el pedido con el SKU ya escrito, el reporte de quiebre desde la góndola — y el historial de todo lo que generes.